Incidente de Starbucks: no fue un sesgo implícito. Fue racismo.

A raíz del último video viral en el que dos hombres aparentemente fueron arrestados por nada más que 'esperar a un amigo mientras eran negros', Starbucks anunció que cerrará todas sus tiendas en Estados Unidos el 29 de mayo para que cerca de 175,000 de sus empleados puedan someterse a un 'programa de capacitación diseñado para abordar el sesgo implícito'.

Es un gesto agradable, pero el problema no es simplemente un sesgo implícito; es racismo. Y no se va a abordar con más capacitación y educación por parte de expertos en diversidad.

Requiere responsabilidad.

Cuando hablamos de sesgo implícito, nos referimos a lo que los psicólogos caracterizan como 'errores mentales' cognitivos o estereotipos inconscientes. Manifestamos prejuicios implícitos sin saberlo, al desviar la mirada o sonreír menos a una persona de color.

El sesgo implícito es real y exige nuestra preocupación, pero no debe utilizarse para explicar todos los incidentes raciales.

El problema de elevar el sesgo implícito a una narrativa maestra para comprender las relaciones raciales es que nos proporciona una salida demasiado fácil y nos ciega a la persistencia de las realidades más duras del racismo. Por definición, el sesgo implícito está más allá de nuestro control consciente, por lo que no necesitamos sentirnos responsables por él. Además, todo el mundo lo tiene; y si todo el mundo tiene la culpa, entonces nadie rinde cuentas.

Volviendo al caso de Starbucks: hubo dos problemas distintos pero relacionados con este incidente. Primero, ¿por qué el empleado de Starbucks se sintió obligado a llamar a la policía para sacar a dos hombres de la tienda por 'entrar sin autorización' cuando no estaban molestando y habían explicado que estaban esperando a un amigo? En segundo lugar, ¿por qué la policía respondió con fuerza masiva (conté siete oficiales en el video), esposó a los dos hombres y luego los arrestó?



No hay nada 'implícito' sobre el sesgo en estas acciones. Los otros usuarios en el video no necesitaron “entrenamiento de sesgo implícito” para ver estas acciones como lo que eran: racismo. Racismo por parte del empleado que llamó a la policía y racismo por parte de la policía que respondió de manera injustificadamente agresiva y oficiosa.

Este incidente no refleja simplemente los “estereotipos inconscientes” equivocados sostenidos por unos pocos individuos ignorantes. Más bien, ejemplifica el problema sistémico y estructural más amplio del uso de la policía para hacer cumplir los límites y jerarquías raciales en los espacios públicos.

La formación en diversidad es una industria que genera miles de millones de dólares al año y que existe desde hace décadas. Hace que las personas se sientan bien, asegurándoles, como hacen los gurús de la autoayuda, que están trabajando para convertirse en la mejor versión imparcial de sí mismos que pueden ser.

Ser una persona blanca 'despierta' está muy bien, pero no desmantela el conducto de la escuela a la prisión, no deshace la supresión de votantes o repara años de despojo económico sistemático. Resulta que la gestión de la diversidad hace más para aislar a las empresas de las demandas que para aumentar la representación de las minorías en la fuerza laboral o reducir la frecuencia de incidentes como los que ocurrieron en Starbucks.

Vemos una indicación preocupante, aunque anecdótica, de tales limitaciones en el infame caso del verano de 2015, donde un video capturó al oficial de policía Eric Casebolt sometiendo brutalmente a una adolescente negra en una fiesta en una piscina en Texas. Los informes noticiosos sobre el incidente incluyeron la información de que había tomado ocho horas de capacitación sobre diversidad en un colegio comunitario local y también había tomado cursos sobre discriminación racial y uso de la fuerza.

Lo que se necesita es responsabilidad. Responsabilidad por los empleados que no respetan a las personas debido a su raza; responsabilidad de los policías que responden con fuerza excesiva y escalan en lugar de disminuir una situación debido a la raza de una persona.

¿Qué aspecto tiene la rendición de cuentas? No hay una respuesta única, pero puede tomar muchas formas, tanto individuales como estructurales: por ejemplo, suspensión, destitución, restricción de funciones, degradación, y no solo para las personas que cometen los actos sino para los responsables de supervisarlos.

Una cosa que no parece es 'entrenamiento'.

Nunca superaremos estos incidentes si seguimos caracterizándolos simplemente como manifestaciones de prejuicio implícito.

Cuando incidentes como estos, y muchos peores, siguen sucediendo una y otra vez, debemos llamarlos por su nombre: racismo. Solo entonces seremos capaces de reunir los recursos colectivamente como comunidad política para enfrentar este problema y tomar las acciones duras necesarias para mejorar las cosas.

Jonathan Kahn es profesor de derecho James E. Kelley en la Facultad de derecho Mitchell Hamline. Es el autor de “Race on the Brain: What Implicit Bias Gets Wrong About the Struggle for Racial Justice” (Columbia University Press, 2018).